sábado, 4 de abril de 2009

Tiempos















Cierro condescendiente mis párpados
pero igual las imágenes se suceden.
Acallo tenuemente mi voz
pero la palabra se escucha.
Mis oídos no reciben sonidos
aún así el ruido circunda.
El mundo jamás se detiene
aunque el ser se excluya.
Por siempre continúa el movimiento
y ya no me atrevo a estar inerte.
Me incorporo y soy ahora
parte minúscula de un cuantum de energía
hasta que llegue el fin de mis días.
El todo sucede inevitable
mientras los relojes de todo el universo
marcan el horario de vivir.
Evito entonces llegar a deshora
o, al menos, a la hora errónea
a pesar de que en mis silencios
pierda de pronunciar palabras
y solamente te piense.

Oscar Néstor Galante.

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