sábado, 30 de mayo de 2009

RIO.




El río corre,
como una loca danza de piernas.
Se escabullen las horas.
Se apagan las linternas.

El río se nubla con las oscuridades de mi corazón.
Fluyo y me río de mi corazón.

Busco ese trayecto entre partitura y queja.
Me llena el ruido de la decadencia.
La extensión urbana del lamento,
que se brutaliza en anejados conciertos.

Me vuelvo cruda, me vuelvo río.

Se pierden los destellos de una historia.
En la corriente que baja,
sin remedio corre hacia su final.

El río es corroído.
Corrompido.
Contaminado.
Es ahora mortal.

El río es de repente una mancha.
Cuando antes, inmensidad.

Amparo Carranza Vélez.
4 de Diciembre de 2008.

No hay comentarios: