sábado, 22 de mayo de 2010

SÓLO SOMBRAS

“Nosotros somos los hombres huecos”



Thomas Eliot





Ávida isla donde los puertos están abandonados,

óxido en las anclas de los barcos ya sin viajes ni velamen,

el fin del fin, antiguas piedras donde nadie ha grabado

signos ni nombres, salvo el oleaje que eternamente hiere.



Allí en silencio truena la voz del mundo que en su callar

ora por esos dioses ausentes que un día la habitaron

plenos en el fervor de sus ardientes fraguas obstinadas

en forjar los cimientos cuando el día del hombre aún no se iniciaba.



Ardió entonces la vida con su altura de hombres consumados,

fuego de los guerreros y las madres deseosas de parir

hijos de la labranza, conductores de bueyes, sembradores,

hombres adictos al más extraño hábito del pastoreo.



Así han danzado asidos al corazón del tiempo sigiloso

siglos bajo la luz unánime del trigo y la amapola,

de la sabia manzana en que la duda pende desafiante

hecha de la matriz del sol y libre como roja paloma.



Pero los mansos hijos de la estirpe de los dioses herreros

han comido del pan que leuda la ambición y la ira,

unánime demencia los empujó a quebrar la luz creada,

a levantar ciudades desvariadas, trincheras como heridas,

a encadenar el aire, desorientar los ríos y los peces.



Entonces se ha reunido todo el color del plomo hasta en la rosa

y el mundo se precipita enfermo de evidente pobreza,

confusa geografía del llanto y la miseria sin fronteras.



Atrás fueron quedando los blancos días de la serena piedra,

isla sin caracoles ni epitafios, isla de viva muerte arracimada,

noche ya sin estrellas titilantes, luna que gira en falso,

sombra, compacta sombra que abruma al compás de badajos

y apenas si se escucha un temblor de violetas caprichosas.



Yo reclamo un relámpago violento que despierte la vida.



Con mi abrazo siempre
Long-Ohni

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